Lleva por nombre Lemu Nge y permitió mostrar cómo la tecnología satelital y los datos
ambientales podían apoyar mejores decisiones para la conservación.
¿Puede un satélite del tamaño de una caja de zapatos ayudar a cuidar mejor la vida en la Tierra?
Esa fue una de las preguntas que ARAUCO llevó a la séptima versión de Ciencia sin Ficción, festival realizado en el Teatro Biobío, que reunió a más de 4.200 estudiantes en torno a la ciencia, la creatividad y el pensamiento crítico.
La conversación partió con Lemu Nge, nanosatélite chileno cuyo nombre significa “Ojo del Bosque” en mapudungun y que fue lanzado desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en Estados Unidos. El dispositivo, desarrollado por la startup Lemu con el impulso de ARAUCO, busca cerrar una brecha clave: la falta de datos precisos y accesibles para estudiar la biodiversidad a gran escala.
Equipado con una cámara hiperespectral de alta resolución, Lemu Nge registra 32 bandas espectrales y permite observar información invisible para el ojo humano. Su tecnología ayuda a analizar cobertura de suelo, vegetación y biodiversidad, en un contexto donde estudiar la naturaleza sigue siendo complejo, costoso y muchas veces insuficiente para la escala de los desafíos ambientales.
“La biodiversidad no se cuida solo con buenas intenciones. También necesitamos datos, ciencia y herramientas que nos permitan entender mejor lo que ocurre en la naturaleza”, señaló Guillermo Olmedo, subgerente de Medio Ambiente y Valor Social de ARAUCO, quien encabezó la presentación.
Plataforma Lemu-Atlas
Durante la actividad, ARAUCO también abordó el alcance de Lemu-Atlas, plataforma que combina imágenes satelitales, inteligencia artificial y ciencia para observar y analizar ecosistemas. A través de esta herramienta, la compañía puso a disposición pública información ambiental y de biodiversidad de más de 91.500 hectáreas de zonas de conservación en Chile, Argentina y Brasil.
La plataforma incorpora 20 zonas de conservación, entre ellas alerzales, bosques maulinos y valdivianos, además de áreas como Caramávida, El Oasis, Huemules de Ñuble y Reserva San Jorge. La información se organiza en 24 indicadores agrupados en siete categorías: agua, biodiversidad, carbono, clima, estado de vegetación, riesgos y monitoreo.
“Quisimos mostrar que la tecnología también puede ponerse al servicio de una gestión más abierta y colaborativa del territorio. Abrir esta información no solo habla de transparencia; también permite generar valor compartido junto a comunidades, investigadores y organizaciones”, agregó Olmedo.
Acercando la ciencia
La participación de ARAUCO en Ciencia sin Ficción buscó acercar este desarrollo a una audiencia clave: estudiantes que comienzan a preguntarse cómo la ciencia puede responder a los grandes desafíos del futuro. “Nos interesaba que los estudiantes vieran que la ciencia no está lejos ni reservada a laboratorios. También está en los bosques, en los datos, en las preguntas que hacemos sobre el futuro y en la forma en que decidimos cuidar el planeta”, sostuvo Olmedo.
Más que presentar un satélite como una curiosidad tecnológica, la compañía mostró cómo los datos pueden apoyar mejores decisiones frente a la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, los incendios y la conservación de ecosistemas.


